miércoles, 31 de mayo de 2017

PALIMPSESTO 32. Lectura de Antonio Requeni

PALIMPSESTO. Revista de creación.
PALIMPSESTO 32. Contenido.
Patio de la Casa palacio de los Briones.                ©Jerónimo Santana Falcón
©Fernando Romero
Ramón Gavira (concejal de Cultura), Juan Ávila (alcalde), Fran Cruz y Antonio Requeni.  
                                                                                   © Jerónimo Santana Falcón
©Fernando Romero


PALIMPSESTO 32

©Fernando Romero
José Moreno Villa, exiliado en México, anotó en sus memorias, a mediados del siglo XX que «el pasarlo bien es una forma moderna de la enfermedad». Esta sorprendente idea, más propia en principio de un masoquista apocalíptico que de un poeta atento a su época, lejos de perder vigencia, refleja con exactitud nuestra disposición actual ante todos los órdenes, incluido el de la cultura. Una especie de contagiosa pereza intelectual o autocomplacencia acomodaticia nos ha ido convenciendo de que lo divertido es un ingrediente básico de cualquier actividad estética, sin el cual esta no merece la pena ser llevada a cabo. El entretenimiento, por sí solo, se considera hoy un elemento de juicio tan favorable que puede justificar, por encima de otros aspectos, un producto mediocre. Como consecuencia de ello, las líneas divisorias de ciertas escalas de valores se borran y, en esta suerte de cajón de sastre, todo acaba teniendo la misma importancia.
      La poesía, como las demás artes, ni mucho menos escapa a esta confusión, donde la falta de criterios hace del éxito de público o de ventas nuestra única vara de medir. Ante este desconcertante panorama, en el que las minorías corren el permanente riesgo de ser menospreciada, cómo no agradecer una vez más la sostenida confianza del Ayuntamiento de Carmona en Palimpsesto, que dura ya veintisiete años, y que nos obliga a vigilar siempre nuestro nivel de exigencia, desestimando el desaliño, la ocurrencia o la mera improvisación, tan recurrentes hoy.
      En este nº 32 de nuestra revista, cobra especial relevancia la remota y fructífera alianza entre poesía y música. Al respecto, en reconocimiento a su indeleble labor artística y cercanía con Palimpsesto, publicamos una extensa entrevista con Amancio Prada ―donde se refiere, entre otros muchos temas, a su convivencia con las canciones desde niño― y una muestra de poemas de Aquiles Nazoa (Caraca, 1920-1976), presentada por el músico y compatriota suyo Bartolomé Díaz Sahagún, miembro, junto a Andrés Barrios, del dúo El taller de los Juglares, que recientemente ha puesto música a poemas, ya clásicos, de Nazoa, cuyas fábulas humorísticas en verso, de índole crítica, no exentas de ternura, pertenecen a la memoria colectiva de Venezuela. Tanto Amancio Prada como Bartolomé Díaz explican con detalle, según la experiencia creativa de cada uno, sus modos compositivos para hacer de un poema una canción.
      Aunque perteneciente a la misma generación de Aquiles Nazoa, a diferencia de su tono popular y jocoso, el de la colombiana Meira Delmar (Barranquilla, 1922-2008) es delicado e intimista. Dotados de un depurado lirismo rayano en la evanescencia, los diez poemas y las dos prosas que de ella publicamos, introducidos por Valerie Osorio, estudiosa de su obra, nos hablan casi en susurro de la soledad, el desamor, sus ancestros libaneses, de la condición fantasmal del tiempo…, en estrofas normalmente medidas y rimadas, acordes con la serena ligereza de este mundo interior.
      A estos tres amplios bloques, acompañan poemas del cubano, afincado en Sevilla, José Pérez Olivares, caracterizados por su hondura conversacional, y del joven mexicano Adán Brand, imbuidos de coraje y remordimiento.
                                       ©Jerónimo Santana Falcón
      Completan el número sendos ensayos del colombiano Carlos Granés y del chileno Pedro Lastra. En «Las críticas del Quijote», Granés aborda, con la solvencia que le es propia, entre otras cuestiones, el influjo que la novela de Cervantes ha ejercido en tantos autores contemporáneos, el juego de espejos de su trama hasta cuestionarse a sí misma, y cómo para el caballero andante, al contrario de lo que sucede en la vida, la ficción resulta menos dúctil que la tozuda realidad. En «Notas sobre José Lezama Lima», Pedro Lastra, con sincera y ponderada lectura, pone en tela de juicio gran parte de la obra poética del escritor cubano, generalmente alabado con desmedido fervor. 
      El número está ilustrado con imágenes de Armando Reverón (Caracas, 1889-1954), considerado el artista venezolano más importante del siglo XX por su manera de captar la luz del trópico. A lo largo de su vida, atravesada por crisis depresivas que influyeron en la progresiva introspección de su obra, abordó, entre otros temas, las naturalezas muertas, el paisaje, el autorretrato y el desnudo femenino. Además de sus pinturas, elaboró inquietantes muñecas de trapo, a tamaño natural, a las que les hizo vestidos, pelucas y numerosos objetos que enriquecieron el mundo imaginado en torno a ellas, desdibujando el límite entre lo real y lo ficticio. Reverón, Nazoa y el músico Bartolomé Díaz Sahagún representan sin duda en estas páginas de Palimpsesto la Venezuela civilizada, culta y creadora.




"Reláfica del negro y la policía" de Aquiles Nazoa, 
en versión musical de El Taller de los Juglares


Videoarte de José Luis Cheo Martínez del romance "Reláfica del negro y la policía" de Aquiles Nazoa, interpretado por El Taller de los Juglares

©Fernando Romero
©Jerónimo Santana Falcón

LA PALABRA EN EL TIEMPO 
de ANTONIO REQUENI

©Fernando Romero
Si cuidadosa es la elección de los contenidos de la revista, mayor celo ponemos a la hora de decidir el autor al que dedicarle el libro de nuestra colección. En este caso, a Chari y a mí nos bastó leer unos pocos poemas del argentino Antonio Requeni para darnos cuenta de la belleza formal y el calado humano de sus versos, cuya calidad espiritual se corresponde sin duda con la finura de trato que el poeta me dispensó en las numerosas conversaciones telefónicas que durante los cinco o seis últimos meses hemos mantenido. En ellas advertí esa hábil mezcla de firmeza de criterio y receptividad que tanto me ha servido para preparar al gusto de ambos este volumen antológico, primero de los suyos que aparece en España. Ya su título, La palabra en el tiempo, nos indica su filiación machadiana, a favor de una poesía cálida, entrañable, afectuosa, escrita en versos de sensual plasticidad, heredada de la generación del 27, con reminiscencias de nuestro Siglo de Oro.
      Hijo de padres españoles, aunque nacido en Buenos Aires en 1930, parte de su niñez transcurrió en Valencia. Quizá esta circunstancia familiar haya reforzado tempranamente su empatía por ciertas estructuras tradicionales como el soneto o la suave combinación de heptasílabos y endecasílabos en tiras de versos sueltos. Alejado, sin embargo, de la rigidez métrica, el fluctuante ritmo de sus poemas se acompasa gratamente a un tono a la vez lírico y narrativo, muy propicio a la meditación efusiva.
      En este orden de cosas, el afán prioritario de Antonio Requeni consiste en ser entendido por el lector, tocar de modo cordial su fibra sensible. De ahí que, en un poema en prosa, dirigido a Alejandra Pizarnik, ya desaparecida, le confiese que, contrario a la oscuridad retráctil y abismada de los versos de la poeta argentina, «yo opté por la comunicación y el sentimiento».

                                                      ©Jerónimo Santana Falcón
 El ejercicio del periodismo, como él ha manifestado, lo sacó hasta cierto punto de sus ensimismamientos para prestar atención a su entorno y dotar de finas cualidades descriptivas su verso. Su condición de asiduo viajero por motivos profesionales le ha dado a algunos poemas suyos ―sobre todo a los que testimonian su paso por tantos lugares de Europa y América― cierto aire ocasional sin dejar de trascender por ello el mero apunte. Por esta razón, pienso que, al leer su poesía, Requeni se preocupa menos de darnos una visión unitaria de la realidad que de transmitir la verdad de cada momento vivido.
Esta actitud abierta enriquece las perspectivas y tonos de una poesía tan emotiva como lúcida, en la que el lector reconoce de inmediato sus propias experiencias del amor, la infancia, la vejez, la marginación social, los asombros cotidianos, los azares de la historia, su escritura misma y, en definitiva, permeándolo todo, la inasible fugacidad del tiempo. En este sentido, la sensibilidad del niño, tan presente de diversas formas en su mundo poético, se alía al curso del tiempo, cuyo paso solo advertimos cuando ya no está, como conmovedoramente expresa «Piedra libre», poema de corte alegórico, que alude al juego del escondite entre el padre y sus hijos. Por esto, para Antonio Requeni, la poesía es, según reza un verso suyo, «una nostalgia que a vivir ayuda».
©Jerónimo Santana Falcón
©Jerónimo Santana Falcón
©Jerónimo Santana Falcón
Antonio Requeni firmando libros           ©Fernando Romero
©Jertónimo Santana Falcón

Carmen Herrera (diseñadora de Palimpsesto), Chari Acal, Fran Cruz, Antonio Requeni y su esposa Virginia.                                                                                      ©Fernando Romero
Celebrando en el restaurante del hotel Alcázar de la Reina con unos amigos, fieles lectores de Palimpsesto, la noche de Antonio Requeni                                        ©Fernando Romero.
Casa Palacio de los Briones, sede de Olavide en Carmona, 26 de mayo de 2017.